El estómago gruñía por estar vacío a horas imperdonables. Una sopa de verduras, pollo con patatas, postre y refresco por varios ceros de coronas (desde Rodas no había comido tan bien).
Con fuerzas, subimos y bajamos cuestas por la parte alta de la ciudad, con el castillo, palacio y un falso Loreto.
Buscando el hostal perdimos un par de horas por culpa de la “o” de una calle. Me ilusionó que en un agradable bar donde nos orientaron no tuvieran Coca-Cola sino Kofola, creí que resistía, pero al llegar al centro parecía Nueva York, un yanquilandia de pobres, lleno de carteles luminosos. Donde antes estaba la sede del partido comunista hoy hay un Mac Donald, indignante contraste. Cada diez pasos alguien te ofrecía droga, cada veinte un cabaret.
Aprovechando cada hora, salimos de turismo nocturno y en una hermosa gran plaza, mientras nos preguntábamos qué demonios sería esa especie de reloj aprendimos que Darling era algo más que cariño.
Aprendimos lo suficiente gracias al Free Tour del reloj astronómico, catedrales, barrio judío, Malá Strana, río Moldava, puente de Carlos,... La réplica de Torre Eiffel se conformó con vernos de lejos, la lluvia y el cansancio prefirió un turismo gastronómico. En este caso cerveza, de la que son inventores.
Aprovechando cada hora, salimos de turismo nocturno y en una hermosa gran plaza, mientras nos preguntábamos qué demonios sería esa especie de reloj aprendimos que Darling era algo más que cariño.
Aprendimos lo suficiente gracias al Free Tour del reloj astronómico, catedrales, barrio judío, Malá Strana, río Moldava, puente de Carlos,... La réplica de Torre Eiffel se conformó con vernos de lejos, la lluvia y el cansancio prefirió un turismo gastronómico. En este caso cerveza, de la que son inventores.
Un dificil idioma que en ocasiones les han robado, una débil corona que espera con miedo al euro, una infinita lucha entre protestantes y católicos con la defenestración como moneda de cambio, una ciudad protegida y amada por Adolf, edificios de película, un ensueño de piedra.
En este video se ve lo mejor de Praga.
Una traicionera multa nos dejó un mal sabor de boca de tan bello lugar. Cuando no hay organización, los espabilados se hacen con el poder.
Y entre lágrimas, cansancio, lluvia, “sintecho”, coronas, policías corruptos y hamburguesas cogimos el autobús que nos llevaría al próximo destino, además sería nuestro incómodo hotel por una noche.
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